Durante mi experiencia con Discapacitados Intelectuales, supe desde un primer contacto con ellos que suelen mostrarse, emocionalmente hablando, más saludables que las personas “normales”.
La frase anterior, leída a primera vista, puede resultar un tanto provocadora, sin embargo, es necesario aclarar que, uno de los tantos componentes que configuran la salud emocional, es poder expresar las emociones sin restricción. Las personas “normales” para poder adaptarse al entorno, a su medio, de alguna manera “reprime” las emociones, siendo éste acto prácticamente, el origen de todas las neurosis, puesto que fisiológicamente hablando, son necesarias expresarlas, tanto o igual que beber agua, comer, tener sexo, etc.
Hay normas “sociales” tácitas con respecto a las emociones. Algunas de ellas no suelen ser “permitidas” como “correctas”. Una de las emociones más “desprestigiadas”según el contexto donde se manifieste, es “la ira”. Manifestar una molestia, un desagrado ante una situación, parece estar mal visto socialmente. Pero ésta emoción, nos es de utilidad para defendernos de las situaciones amenazantes de nuestro entorno.
Las personas con Discapacidades Intelectuales, no tienen ni una emoción más, ni una emoción menos que nosotros los “normales”, la gran dificultad que ellos tienen, es el grado de incapacidad para adaptarse a su entorno, el cuál no pueden manipular para satisfacer sus necesidades.
A partir de éste punto, podemos llegar a tener una visión un poco más clara sobre el abordaje de algún trastorno conductual, el cuál es más una manifestación emocional, que nos indica algún tipo de dificultad que tiene el discapacitado para manipular el entorno y así poder satisfacer alguna necesidad latente.
Sí logramos entender que el Discapacitado, está haciendo lo que “tiene que hacer” durante un trastorno conductual, los que abordamos la situación, nos tenemos que preguntar “¿qué me pasa a mi con eso que él hace?”. Más aún cuando por lo general, la emoción subyacente que hay es la ira. Entonces, sintetizando un poco más, nos tendríamos que preguntar ¿qué relación tenemos nosotros con la ira?…