Un cambio de contexto conlleva un proceso de adaptación. Todo proceso de adaptación puede presentar diferentes niveles de dificultad, que son más evidentes cuando implica un traslado de residencia de un país a otro. Muchas personas sometidas a éstos procesos emigratorios, podrían mostrar el “Síndrome de Ulises”, también conocido como “síndrome del emigrante”. Éste síndrome, es de naturaleza psicológica caracterizado por un estrés crónico asociado a las dificultades de adaptación.
Éstas dificultades se manifiestan de distintas maneras. Por ejemplo, al estar lejos de casa, la añoranza por la familia y amigos, es un fenómeno recurrente, más aún cuando pueden haber temas familiares irresolutos. Generalmente las personas que emigran, no tienen una red social de apoyo.
Por otro lado, con frecuencia, detrás de un cambio de residencia hay una razón económica que la motiva. En la mayoría de los casos, éstas personas, están expuestas a situaciones frustrantes, al no poder acceder fácilmente a un puesto de trabajo. Otras veces cuando acceden, se encuentran con puestos de trabajos que el resto de los locales rechazan. El nivel de frustración puede aumentar, cuando la persona que lo experimenta tiene un nivel de cualificación superior al puesto de trabajo disponible.
Toda situación nueva, cualquiera que sea, muchas veces está opacada por el miedo, más aún cuando comporta un cambio de país, en dónde toda la estructura normativa del individuo se ve afectada, y además implica un cambio de conducta importante, dónde los sentimientos de lucha por sobrevivir, prevalecen sobre el día a día.
Éstas dificultades propician un estado de vulnerabilidad en el individuo que pueden afectar, de manera importante, distintas áreas de su vida, como por ejemplo, el abuso de tóxicos, dificultades en las relaciones de pareja, entre otras, según sea el caso de que quién o quienes cambien de entorno.
Con relación al abuso de tóxicos, se manifiesta como un mecanismo de evasión, relacionado a la sensación de bienestar que producen las sustancias, el cuál es catalizado por la relativa “permisividad” en su uso, acompañada de la actitud poco “demonizada” que existe en países europeos, realidad que es muy diferente de los países de origen.
A nivel judicial también pueden haber serias dificultades, cómo por ejemplo, los matrimonios por conveniencia. Al embarcarse en una relación, por motivos “legales” (para “conseguir los papeles”), en la mayoría de los casos no se toma en cuenta las implicaciones afectivas y emocionales que eso conlleva.
Todos éstos factores son estresantes, y como toda situación de estrés, contribuye a acelerar o desarrollar ciertas patologías que podrían hallarse latente en el individuo, es decir, sí existe alguna predisposición al alcoholismo, o a la depresión, un mal manejo puede desencadenar en el desarrollo y cronificación de alguna de éstas patologías.
Las claves, para prevenir ésta dificultad, están en construir una buena red de apoyo; en facilitar un conocimiento lo más amplio posible del contexto nuevo, así como también en proporcionar un adecuado asesoramiento individual que pueda centrar y acompañar a nivel emocional a la persona para que pueda desarrollar habilidades adaptativas y fortalecerse interiormente.